Era cerca de la medianoche. Volvía a casa (a casa de Fide) de una cena en casa de Ats i Franklin, en una zona acomodada del barrio de Södermalm. Había sido una tarde estupenda, y aunque el vino me había subido un poco me encontraba estupendamente, así que decidí hacer una parada en un mirador privilegiado no muy lejos de Slussen (los que no han estado en Estocolmo habrán visto Slussen porque es donde pegan una paliza a Lisbeth Salander en la primera película de la trilogía de Larsson). El tiempo era suave, inmejorable, así que antes de tomar el metro me acerqué para ver las vistas sobre Gamla Stan.
Al llegar allí, me detuve en seco. Supongo que no había estado allí de noche, en esta época del año, porque nunca había visto aquella luz. Ni idea de si estaba anocheciendo, o amaneciendo. Si uno prestaba atención podía ver una gama de azules y de rojos imposible de apreciar en los cielos del sur. No sé si la foto hace justicia a las vistas, pero había que intentarlo.
Me quedé en aquel lugar tanto tiempo que perdí el metro y por poco me quedo atrapado en la ciudad. Llegué al andén antes de que saliera el último tren hacia Rinkeby, todavía impresionado con aquellos colores.
La banda sonora de esta foto para mí está clara. Roxette es uno de esos grupos que, aunque ahora esté de capa caída, me ha acompañado desde que era un preadolescente. Y siempre que veo el edificio del ayuntamiento (a la izquierda en la foto) y la ciudad de noche recuerdo el videoclip de 'Fading Like a Flower', que me fascinaba incluso antes de conocer esta ciudad a la que espero volver siempre.
A mí la Provenza me acaba llevando siempre a Marsella. La electricidad de su caótica capital siempre me ha atraído. Desde que a los 10 años empecé a leer sobre un equipo de fútbol que se llamaba Olympique de Marsella, que tenía jugadores como Jean-Pierre Papin, Enzo Francescoli o George Waddle. Y que vestía como el Lleida pero con los colores invertidos. Marsella era como si en Barcelona nunca hubieran sucedido unas olimpiadas y como si estuviera situada en la costa de Argelia. Dura, inclemente, blanca y viril. Y con el mistral dando latigazos 100 días al año. Prácticamente sin turismo, con una cultura popular efervescente. Le vieux-port, Notre Dame de La Garde, Le Panier, el Velodrome, Jean-Claude Izzo, el pastis en el Cafè de la Marine...
Es por eso que siempre, en algún momento de los viajes, acabo cambiando los campos de vid y de lavanda, los bosques, los pueblecitos de piedra escarpados en alguna colina, por el urbanismo inclemente de Marsella. Imposible no caer en la tentación de sentir la furia de esa ciudad eléctrica. Y cuando andas por marsella, tiene que sonar la música raï, el rap, el hip-hop. África-Francia. El Mediterráneo canalla. En algún momento del viaje tienen que sonar MC Solaar o Khaled. Esta canción, 'Oran Marseille', evidentemente, nunca falla.
Barcelona de noche, desierta, como el escenario de fondo de alguna película. Arriba, una vista desde Montjuïc, allí donde uno puede lanzar gritos al vacío sin que nadie les cuche. Abajo, la plaza de les Glòries, silenciosa.
Lugares donde, por casualidad, podrían cruzarse dos sonámbulos.
Alguna foto más de estos días en Roma. Con banda sonora italiana, por supuesto. Seguimos con una canción muy pegadiza de Gianna Nannini: "Bello e impossibile". Adoro los años 90!
Bello, bello e impossibile con gli occhi neri e il tuo sapor mediorientale bello, bello e invincibile con gli occhi neri e la tua bocca da baciare girano le stelle nella notte ed io ti penso forte, forte, forte, ti vorrei Bello, bello e impossibile con gli occhi neri e il tuo sapor mediorientale bello e irraggiungibile con gli occhi neri e il tuo gioco micidiale.
Non conosco la ragione che mi spiegherà perché non voglio più salvarmi dalla libertà è una forza che mi chiama sotto la città e se il cuore batte forte non si fermerà e all' alba l’amore nasce col sol così e all'alba il sole ti dirà che è così
Tra le tue mani scoppia il fuoco che mi brucerà ed io non voglio piu' salvarmi da questa verità c'è una luce che m'invade non posso più dormire con le tue pagine nascoste lo vorrei gridare
Bello, bello e impossibile con gli occhi neri e il tuo sapor mediorientale Bello, bello e incredibile con gli occhi neri e la tua bocca da baciare Girano le stelle nella notte ed io ti penso forte forte forte, ti vorrei, sì…
Mi sconvolge l'emozione e non so perché oltre il bacio della folla vedo solo te mentre corro nel tuo sguardo sotto la città più non voglio, più mi arrendo, chi mi salverà? e all'alba l’amore nasce col sol, così e all'alba il sole ti dirà che è così
Bello, bello e impossibile con gli occhi neri e il tuo sapor mediorientale bello, bello e invincibile con gli occhi neri e quel tuo gioco micidiale scoppia nella notte il sentimento ed io ti sento forte, forte, forte, ti vorrei, sai…
Bello, bello e impossibile con gli occhi neri e il tuo sapor mediorientale Bello, bello e invincibile con gli occhi neri e la tua bocca da baciare Bello, bello e impossibile con gli occhi neri e il tuo sapor mediorientale sei bello e impossibile e irraggiungibile...
No hace mucho descubrí a los The Gaslight Anthem. Y lo hice a través de esta canción: la versión que han hecho de "Changing of the Guards" de Bob Dylan, que probablemente es la canción de mi vida. La versión es una dignísima sucesora de la original, quizá (con permiso de Patti Smith, otra grande) la mejor que se ha hecho de esta extraña canción del autor de "Mr. Tamourine Man".
Estos días ha estado en Barcelona la doble compañía que representaba las dos obras de teatro pertenecientes al proyecto "People, Cars and Oil" (ya hablé de ello en la entrada anterior). Uno de los actores de la obra alemana es Till Wonka. Aquí tenéis un retrato que le hice.
Afición del Lleida en el campo de L'Hospitalet. Mayo de 2011.
(Foto: Isaías Fanlo.)
Aquella tarde de primavera tuve una visión que me abrió los ojos. Por aquel entonces yo era un chaval de diez años, quizá once, y todavía poco despierto. Pero el momento lo recuerdo perfectamente: habíamos ido a comer a casa de mis tíos, que se acababan de trasladar a una nueva casa, en un nuevo barrio de la ciudad. Un noveno piso. Al acabar de comer, mientras los adultos tomaban café, fui a inspeccionar aquella casa que pisaba por primera vez, llena de rincones y cuartos desconocidos. Pasé por el comedor, por las habitaciones, por una pequeña salita, y jugué con dos espejos enfrentados en el recibidor que multiplicaban mi reflejo hasta el infinito.
Al cabo de un rato, me di cuenta de que la casa tenía un balcón. Y afuera, se empezaba a escuchar ruido. Así que, como el niño curioso que todavía era, decidí abrir la puerta y echar un vistazo a lo que ocurría. Al asomarme, me quedé perplejo: lo que tenía delante era un campo de fútbol, pequeñito (aunque a mí entonces me pareció enorme), en el que veintidós jugadores estaban jugando a fútbol observados por unos pocos miles de personas.
En ese momento, mi padre, que habría escuchado como abría la puerta del balcón, me puso la mano en el hombro.
-Papá, ¿qué es esto?
-Es el Camp d'Esports -respondió-. El estadio del Lleida.
-¿El Lleida? -pregunté, incrédulo. Hasta entonces, para mí el fútbol era el deporte que jugaban algunos niños en el patio (yo jugaba a baloncesto) y que se practicaba profesionalmente en un lugar lejano y casi mítico, Barcelona, donde (según me habían explicado) se podía vivir en la misma calle que una persona y no conocerla y donde existía un tren subterráneo que unía la ciudad. Pura ciencia ficción.
Esa fue mi primera vivencia de fútbol leridano y, por ende, del llamado infrafútbol, es decir, de las categorías inferiores del deporte rey. Yo me quedé embelesado viendo, desde aquel noveno piso, los minúsculos jugadores, entre los que destacaba un joven Emilio Amavisca, y decidí que me haría del Lleida. Al año siguiente, con el club en Segunda División, empecé a ir a todos los partidos, con amigos. Las entradas costaban 400 pesetas, pero valía la pena desprenderse de la paga semanal: se veía buen fútbol. El Lleida jugaba bien, el Camp d'Esports poco a poco se iba llenando, los resultados acompañaban y el sueño de subir a Primera División, algo poco menos que impensable, empezaba a hacerse realidad.
Y vaya si se hizo: el 5 de junio de 1993, y en un Camp d'Esports lleno hasta la bandera, el Lleida derrotó al Badajoz por 3 goles a 0 y materializó el ascenso a Primera a cuatro jornadas del final, superando a equipos que en principio eran favoritos, como el Valladolid, el Racing o el Mallorca. Y se plantó en la categoría de oro. "El año que viene ganaremos al Barça y al Madrid", dijo, eufórico, Miquel Rubio, el capitán del equipo, en los discursos de celebración.
El sueño se convirtió en realidad, y las palabras de Rubio funcionaron como una profecía: se ganó en el Camp Nou, al mismísimo dream team de Romario, Laudrup, Guardiola, Koeman o Stoichkov con un gol de Jaime Quesada en el minuto 86, y se ganó al Real Madrid en el Camp d'Esports, con goles de Popeye Parés y de Soren Andersen tras una falta brutal de Gustavo Matosas. Pero no fue suficiente para mantenerse. De poca cosa sirvió ser el primer equipo que ganaba en Anoeta como visitante (1-3), o la victoria en Valladolid por 1-2 que nos sacaba de la zona de descenso cuando faltaba poco para acabar la temporada: el equipo volvió a segunda en la última jornada tras perder en el campo del Racing, mientras escuchaba por la radio que Celta y Valladolid empataban a 0-0 (el empate les favorecía a ambos y la afición gritaba "que se besen, que se besen"). Aquella fue la primera vez que lloré por un partido de fútbol.
Evidentemente, han pasado muchos años. Tantos, que el bonito cuento de la Unió Esportiva Lleida está a punto de acabarse. O de poner un punto y aparte, si se quiere: el club, a causa del endeudamiento que arrastra, va a tener que refundarse, después de haberse quedado a las puertas del play-off de ascenso a Segunda División "A". Ya han quedado atrás momentos emocionantes como los descritos, la promoción agónica contra el Sporting de Gijón en 1995 (2-2 en el Camp d'Esports y un 3-2 dramático en El Molinón), el buen fútbol de finales de los 90 y principios del 2000...
Ahora toca lo mismo que han tenido que hacer muchos clubes históricos del fútbol español, como el Burgos, el Málaga o el Almería. Empezar de cero. Algunos con más suerte, otros con menos. El pasado fin de semana, unos cientos de aficionados nos enfundamos la camiseta azul y nos dirigimos al campo de L'Hospitalet, donde la Unió Esportiva Lleida jugó el que quizás fue su último partido oficial con este nombre. El resultado, un empate a cero, fue lo de menos. Lo importante era despedir como correspondía a este equipo. Y cuando, al final del partido, la afición cantó el himno a cappella, bufandas al aire, tuve que hacer un esfuerzo, con un nudo en la garganta y emocionado, para que no me cayeran las lágrimas. Porque aquel era, también, el final de un capítulo de mi vida.
Muchísimo tiempo, demasiado, sin postear aquí. Estoy teniendo algunos problemas con el procesamiento de fotos en el ordenador (debe de estar saturado), y cada foto me cuesta horrores...
Cuelgo esta foto, tomada la semana pasada en Stuttgart, en el Museo de Arte Moderno, donde tenían unos impresionantes cuadros de Otto Dix.
Como BSO, Hurts, que le dedican una canción a un día de la semana como el de hoy...
Me encanta esta foto, tomada en el Russell Hotel de Londres.
Quienes se hayan pasado por el blog estos dos últimos días, se darán cuenta de que se han producido cambios drásticos. La diseñadora Vània Rosell ha hecho un logo y una imagen de marca para mi web (en la fase final de su construcción, aunque ya hace unas semanas que tengo un enlace desde la parte derecha de la pantalla), y también una pequeña aplicación para este blog, para que estén un poco vinculados, así que he ido cambiando letras y colores.
Opción Barcelona no va a cambiar cuando la página web esté en pleno funcionamiento. Un blog y una web tienen objetivos diferentes. La web es un portfolio de mis fotos. El blog es un poco la bitácora con imágenes de las cosas que va pasando. Procuraré no repetir fotos para no solaparlas, así que no creo que la información se repita.
Como BSO de hoy, "Miquel a l'accés 14", de Mishima
No hace mucho estuve recuperando algunas fotos que consideraba inutilizables. Entre ellas, algunos carretes de mi Lomo que me pensaba que serían inservibles, como estas de Estambul, que habían quedado muy quemadas. Con un poco de paciencia y cariño con el Photoshop, he podido corregir muchas de las "aberraciones" de algunas imágenes, como en la que cuelgo hoy. En el negativo, parece una imagen quemada de un rojo intolerable. Y, en cambio, en este nuevo posproceso la luz que ha quedado, de un magenta más amable y con tonos amarillentos, representa muy bien esas últimas horas de sol memorables sobre Estambul, con el barullo la gente en la calle y el reflejo dorado de las postreras luces del día sobre el bósforo.
La BSO de hoy no tiene nada que ver con Estambul. Es una canción de Family. ¿Es posible que hasta ahora no haya colgado ninguna canción de este grupo en el blog? Si es así, me resulta imperdonable. Family y su magistral disco Un soplo en el corazón me acompañan desde hace años. Siempre hay que volver a sus canciones. De la primera a la última. Aquí os dejo con "Dame estrellas o limones"
Playa de Sète. Francia, 2010. (Foto: Isaías Fanlo.
La banda sonora de estas fotos es, clarísimamente, la del enorme Georges Brassens: "Supplique pour etre enterré sur une plage de Sète":
La letra, maravillosa, es ésta:
La Camarde qui ne m'a jamais pardonné, D'avoir semé des fleurs dans les trous de son nez, Me poursuit d'un zèle imbécile. Alors cerné de près par les enterrements, J'ai cru bon de remettre à jour mon testament, De me payer un codicille.
Trempe dans l'encre bleue du Golfe du Lion, Trempe, trempe ta plume, ô mon vieux tabellion, Et de ta plus belle écriture, Note ce qu'il faudra qu'il advint de mon corps, Lorsque mon âme et lui ne seront plus d'accord, Que sur un seul point : la rupture.
Quand mon âme aura pris son vol à l'horizon, Vers celle de Gavroche et de Mimi Pinson, Celles des titis, des grisettes. Que vers le sol natal mon corps soit ramené, Dans un sleeping du Paris-Méditerranée, Terminus en gare de Sète.
Mon caveau de famille, hélas ! n'est pas tout neuf, Vulgairement parlant, il est plein comme un œuf, Et d'ici que quelqu'un n'en sorte, Il risque de se faire tard et je ne peux, Dire à ces braves gens : poussez-vous donc un peu, Place aux jeunes en quelque sorte.
Juste au bord de la mer à deux pas des flots bleus, Creusez si c'est possible un petit trou moelleux, Une bonne petite niche. Auprès de mes amis d'enfance, les dauphins, Le long de cette grève où le sable est si fin, Sur la plage de la corniche.
C'est une plage où même à ses moments furieux, Neptune ne se prend jamais trop au sérieux, Où quand un bateau fait naufrage, Le capitaine crie : "Je suis le maître à bord ! Sauve qui peut, le vin et le pastis d'abord, Chacun sa bonbonne et courage".
Et c'est là que jadis à quinze ans révolus, A l'âge où s'amuser tout seul ne suffit plus, Je connu la prime amourette. Auprès d'une sirène, une femme-poisson, Je reçu de l'amour la première leçon, Avalai la première arête.
Déférence gardée envers Paul Valéry, Moi l'humble troubadour sur lui je renchéris, Le bon maître me le pardonne. Et qu'au moins si ses vers valent mieux que les miens, Mon cimetière soit plus marin que le sien, Et n'en déplaise aux autochtones.
Cette tombe en sandwich entre le ciel et l'eau, Ne donnera pas une ombre triste au tableau, Mais un charme indéfinissable. Les baigneuses s'en serviront de paravent, Pour changer de tenue et les petits enfants, Diront : chouette, un château de sable !
Est-ce trop demander : sur mon petit lopin, Planter, je vous en prie une espèce de pin, Pin parasol de préférence. Qui saura prémunir contre l'insolation, Les bons amis venus faire sur ma concession, D'affectueuses révérences.
Tantôt venant d'Espagne et tantôt d'Italie, Tous chargés de parfums, de musiques jolies, Le Mistral et la Tramontane, Sur mon dernier sommeil verseront les échos, De villanelle, un jour, un jour de fandango, De tarentelle, de sardane.
Et quand prenant ma butte en guise d'oreiller, Une ondine viendra gentiment sommeiller, Avec rien que moins de costume, J'en demande pardon par avance à Jésus, Si l'ombre de sa croix s'y couche un peu dessus, Pour un petit bonheur posthume.
Pauvres rois pharaons, pauvre Napoléon, Pauvres grands disparus gisant au Panthéon, Pauvres cendres de conséquence, Vous envierez un peu l'éternel estivant, Qui fait du pédalo sur la vague en rêvant, Qui passe sa mort en vacances.
Son dos panorámicas de Venecia, tomadas desde un vaporetto (camino del Lido). La primera, con la Canon 350D (la réflex digital), y la segunda, con la Lomo LCA+. En otros casos me suelo decantar por una de las dos versiones, pero creo que, en este caso, ambas tienen su gracia y su interés... ¿preferís alguna por encima de la otra?
Un retrato jugando con las luces y las sombras en el barrio de Graça (o Graça-Kabul, como le llamaría mi amiga Angela). Un barrio lleno de contrastes, y de una decadencia hermosa.
Como banda sonora de hoy, uno de los mejores grupos indies de la actualidad: Second, que acaba de sacar disco, Fracciones de un segundo, todo en español (felizmente han dejado de componer en inglés: si las canciones en español de Invisible, su disco anterior, ya eran buenas, las del nuevo disco son increíbles).
Aquí el primer single, "Palabras", aunque mi canción preferida del disco es "Rincón exquisito", fabulosa: "Desde aquella habitación, desde aquel rincón tan exquisito lanzamos un mensaje para todo el universo". Últimamente parece que me gustan mucho las canciones que hablan de rincones, de habitaciones y de parejas que se proyectan. Coses de Dona Obdúlia...
Como banda sonora de hoy, la canción de un grupo pequeñito pero con unas canciones muy cuidadas: las madrileñas Las escarlatinas, que editan en la admirable casa Siesta y que han sacado un nuevo disco, Al galope. Esta canción, 'Buhardilla Six', es una de las que más me gustan.
No son fotos muy originales, pero es que la luz en esa ciudad invita a sacar las cámaras cuando el sol se pone, y el Bósforo, azulísimo, empieza a agitarse con el viento, y el sol desaparece detrás de alguna mezquita o de la Torre Gálata, y los pescadores empiezan a vender lo que han podido sacar de las aguas revueltas en bocadillos y con ensalada, y en los bares se oye música pop, y los turistas se retiran agazapados, y las gaviotas (cabronas) se vuelven más pesadas, y el estrecho presenta menos actividad porque los ferrys empiezan a no salir de Üsküdar, y los vendedores ambulantes despliegan sus paradas modestas, y la ciudad, en definitiva, se despoja de su disfraz turístico justo después de regalarnos una nueva puesta de sol entre nubes y contaminación.
Hugo en el tren a Lisboa, 2008. (Foto: Isaías Fanlo.)
De vuelta al trabajo y a la vida normal, también "reabro" este blog. Gracias a tod@s los que me habéis visitado, tan pacientemente, a lo largo de estos días.
Este retrato me gusta, por la composición y por los juegos de luces y sombras. Y también, por supuesto, por lo que representa y por quien representa.
Coordinador editorial de profesión. Amante de la fotografía, con limitaciones técnicas que uno trata de pulir y con interés por aprender y por mostrar mis imágenes.
Si te apetece comentar cualquier cosa o interesa reproducir parte del contenido, tanto gráfico como escrito, de este blog, no dudes en escribirme. Espero que disfrutes con la visita. ¡Bienvenido!