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domingo, 3 de abril de 2011

Entrevista en "Confesiones tirado en la pista de baile"

La entrada de hoy no tiene foto, y es para anunciar algo que me hace mucha ilusión: los lectores asiduos del blog saben que la fórmula general de cada una de las entradas consiste siempre en más o menos lo mismo: foto más texto más vídeo de alguna canción que me gusta y que me parece adecuada. Quien se pase de vez en cuando por aquí habrá deducido que me gusta seguir las novedades de la música independiente (especialmente la nacional). Pues bien, uno de los blogs que iba siguiendo es Confesiones tirado en la pista de baile, el blog de Fernando Bside. Llegué a él gracias a su sección de entrevistas, por las que han pasado Lyona, Zahara, Ellos, Second... muchos de mis artistas favoritos.

Pues bien. La sorpresa llegó hace unos días, cuando Fernando me comentó que había estado echándole un vistazo a mi web y a este blog y me propuso una entrevista, para la misma sección. Por supuesto, acepté encantado -todavía me cuesta creer que tenga un rinconcito al lado de toda esta gente-, y la entrevista ya está en línea.

La podéis consultar aquí. Una buena manera de conocer mejor a quien anda detrás de este blog y de la página web que lo complementa.

domingo, 25 de noviembre de 2007

Mujer en el metro

Berlín, 2007. (Foto: Isaías Fanlo.)

Aunque cada vez soy menos partidario de los "robados", ahí va uno.

Actualización (lunes):

Creo que los robados son buenos para que uno vaya aprendiendo a hacer fotografías. Ayudan a ser rápido, a tener reflejos, a encuadrar en muy poco tiempo... como ejercicio están francamente bien. Además, por lo general el primer contacto con la fotografía uno lo tiene a través del robado. Uno ve esas fotografías de Cartier-Bresson (el instante decisivo, como él mismo escribe en uno de sus ensayos), o las de Joan Colom, o las falsamente improvisadas de Eliott Erwitt o Robert Doisneau, y piensa "Dios, yo quiero hacer exactamente esto". Y sale con la cámara a la calle, a la caza. Y ve a alguien que le interesa (un freak, un mendigo, un sin techo, un turista exótico) y va haciendo fotografías, a menudo sin que el otro se entere.

Mi opinión es que toda clase de fotografía es respetable. Pero por mi parte, después de más de un año recorriendo la ciudad a la búsqueda de la imagen inmortal, y después de bastantes años de lecturas, de ver exposiciones, de ser aficionado a la fotografía, he empezado a tener mis propias opiniones sobre el tipo de fotos que quiero hacer. Digamos que me he cansado de depender exclusivamente de circunstancias ajenas para tener una buena foto. Yo no quiero ser sólo el individuo que tropieza con alguien o algo interesante, que encuadra y aprieta el disparador. Quiero tener control de las circunstancias y crear yo la fotografía.

Por ejemplo, en el caso de los retratos, mi búsqueda ya no se ha limitado al azar. He intervenido yo sobre el modelo fotografiado. En este caso, por ejemplo, estuve esperando, en un lugar concreto de Gràcia, a que el sol incidiera sobre la cristalera de un edificio para crear una luz lateral que, en contraste con la oscuridad de la calle no iluminada, le diera una luz especial al modelo. Estuve estudiando el lugar un día antes, y al día siguiente sólo tuve que personificarme en el lugar concreto, esperar a que pasara la persona que me interesara, y disparar. Luego tratar la imagen según la idea que tenía en mente (filtro de color, corrección selectiva), y ya está. No sé si valía la pena, pero la imagen a mí me gusta. ¿Que es un robado? Sí, pero en mi opinión se trata de algo más que eso: se trata de una fotografía buscada, preparada, y de la cual, gracias al control que yo he ejercido sobre ella, me siento orgulloso.

Digamos que en el caso de un robado, una persona que hubiera estado en el mismo momento que yo en el mismo sitio podría haber hecho exactamente la misma foto. Pero en el caso de esta foto, por ejemplo, no es así: hay una idea y una reflexión previas, una preparación de la luz, un post-proceso.

Y lo mismo en el caso de los paisajes: el tipo de fotografía que a mí me interesa hacer (al menos últimamente) no consiste sólo en retratar cosas bonitas o llamativas, sino en plantearme, antes de disparar, qué es lo que quiero conseguir. Con la idea de la fotografía en la mente, es mucho más fácil encontrar el ángulo, la luz, el momento ideales para hacer la fotografía. Y después, en casa, trato las imágenes de forma muy sencilla (no soy ningún crack del Photoshop) para conseguir lo que quiero. La fotografía de la izquierda, tomada en Tallín (Estonia) es una muestra de esta "creación" del paisaje: buscar un encuadre bajo, modificar la cámara para que me diera el contraste deseado, subexponerla un pelín, esperar a que no pase nadie, disparar... y obtener una foto en la que siento que yo intervengo más que el azar.

Por eso he dicho antes que ahora trato de no hacer "robados" puros y duros. Pero la mujer que dormía en el metro de Berlín me pareció interesante como modelo, así que disparé. Tampoco quiero ser sectario en esto.

¡Ah! Por supuesto, en el caso de la Lomografía mi manera de hacer fotos es algo diferente.

sábado, 30 de junio de 2007

Fotografiado

Curiosamente, hoy, en lugar de colgar yo una fotografía (tengo alguna por aquí, pero estoy en casa de mis padres y la tarea resulta más complicada) me doy cuenta de que aparezco, por razones similares, en dos blogs muy diferentes. En ambas entradas soy el fotógrafo fotografiado.

La primera página en la que aparezco es en la Yvette Depaepe, que está empezando a colgar las fotografías que tomó en Barcelona. En esta foto aparecemos Francesc (un colega de photoblog) y yo, en un reflejo del CaixaFòrum, en la exposición de Lee Friedlander. Yo estoy, a su vez, disparando la 350D.

La segunda página es la de Hugo Solo, y la foto está tomada a propósito de nuestro encuentro este mediodía, breve pero muy agradable -queda pendiente una conversación más larga. En esta fotografía también salgo fotografiando, esta vez la Lomo LCA+. Por cierto, mejor retrato éste que el de Yvette, aunque el retrato de Yvette tiene mucha imaginación y una composición afortunadísima.

Quería dejar constancia de la casualidad, ya que, aunque no hago ascos al autorretrato, no me suelo fotografiar, y tampoco me fotografían tan a menudo. Y para acabar, una paradoja: en la fotografía en que disparo una Lomo, la disparo como si fuera una cámara "normal" (una de las reglas de la lomografía es disparar sin mirar por el visor); en cambio, la 350D la estoy disparando como si se tratara de una Lomo.

¡Así de imperfecto y de simpático es el mundo a veces!

miércoles, 27 de junio de 2007

Visita fotográfica

Photobloggers. (Foto: Isaías Fanlo.)


Estos días he recibido en casa a una visita fotográfica. Ha venido a pasar unos días con nosotros Yvette Depaepe, una fotógrafa amateur (pero con premios de fotografía y varias exposiciones en cartel... ¿puede decirse, entonces, que es amateur?) belga y residente en un pueblecito cerca de Brujas.

A Yvette la conocí gracias al otro fotoblog en el que cuelgo mis fotos. Por eso aprovechamos la visita para realizar varios encuentros entre los fotobloggers de aquel blog. Esta foto, un retrato de grupo de los fotobloggers, la había pensado para la ocasión, inspirada en la célebre fotografía de MAGNUM que realizó Elliott Erwitt, uno de mis fotógrafos preferidos.

Sin planearlo, la fotografía quedó muy equilibrada. Yo quería que Yvette, al ser la única mujer aquel día, quedara en el medio, y que la composición encajara con las líneas de la pared que nos ofrecía CaixaFòrum, el lugar donde tiré la foto. Pero lo que no había imaginado es que las cámaras que llevamos colgadas también fueran simétricas e intermitentes: de izquierda a derecha, reflex, compacta, reflex, compacta, reflex.

Un experimento feliz. ¡Ah! Yo soy el de la izquierda.

Como posdata, una canción:

http://www.youtube.com/watch?v=BKxnJ5iyC-w
(Vídeo de The Fray: How to Save a Life, honesto y emocionante)

martes, 17 de abril de 2007

Un cuervo sobre la nieve (o el instante decisivo)

Dimoni. (Foto: Isaías Fanlo.)

¿Medición de luz matricial o medición de luz puntual? He aquí otro de los debates que surgieron en el seminario organizado por Canonistas el sábado pasado. El tema no es sencillo: se trata de elegir de qué modo podemos calcular la luz que va a entrar en nuestra fotografía.

Por supuesto, como en todo tema controvertido, surgieron opiniones diferentes. había quien opinaba que la medición puntual daba una idea más precisa de la luz que entra en la imagen, y en cambio, había quien pensaba que era mucho más sencillo y eficaz optar por la matricial (que calcula, si no me equivoco, un 68% de la luz de la imagen que entra en los milímetros centrales del encuadre que decidamos).

Uno de los partidarios de la puntual, llegados a este punto, puso un ejemplo:

-Pero vamos a ver, ¿qué pasaría si vamos por la montaña y vemos a un cuervo negro sobre la nieve y queremos hacerle una foto? Si utilizamos la matricial, el cuervo no saldría, porque la nieve saldría gris, o el cuervo más pálido, según donde midiéramos.

-Ni el cuervo es negro, ni la nieve blanca -respondió uno de los partidarios de la matricial.

-Estamos ante un caso extremo -respondió otro.

Mientras tanto, yo me planteaba hasta qué punto estamos siendo ultraperfeccionistas con los requisitos técnicos de la fotografía, sometiendo la creatividad a esta infinidad de parámetros para, finalmente, aniquilarla. Porque no podía evitar imaginarme a toda aquella gente subiendo por el Aneto, la Pica d'Estats, el Teide o el Mulhacén, bien cargaditos con sus Canon y la ristra de objetivos y complementos (por supuesto, flashes diversos, filtros y el trípode que no falte). Agotados de cargar tanto peso, porque los 'Copitos', que es como se conocen popularmente los teleobjetivos de color blanco, pesan lo suyo.

Pues bien, en esas circunstancias, ¡oh sorpresa! Un cuervo sobre la nieve. En primer lugar... ¿es interesante fotografiar el motivo del cuervo? ¿De veras? Según como se mire, me imagino. Pero en fin, pensemos que se trata tan sólo de un ejemplo. Así pues, el intrépido fotógrafo se acerca a una distancia prudencial, y comienza a preparar la foto. Hagamos una lista de lo que va a tener que hacer antes de apretar el disparador:

Montar el trípode (que para algo lo hemos subido

Escoger un filtro

Plantearse el dilema: medición de luz matricial o puntual

Elegir un diafragma (porque todo buen fotógrafo debe de calcularlo de forma manual)

Elegir una velocidad (idem)

Disparar

En definitiva, seis pasos para conseguir la foto. Un montón de segundos. Y ahora es el momento de plantearse: ¿estará el cuervo posando a la espera de que hagamos todos los pasos y disparemos? ¿O más bien nos habrá dirigido una mirada indiferente antes de levantar el vuelo y arruinarnos la foto que queríamos tomar?

Mi opinión es que, más allá de paisajes, macros y fotografía a elementos inmóviles, hay situaciones en las que tenemos que hacer todo lo posible para disparar cuanto antes. Porque si nos planteamos en exceso la cuestión, zas, el momento mágico se habrá acabado, habremos perdido ese instante decisivo que hizo célebre Cartier-Bresson. No sé si el maestro hubiera podido capturar ésta imagen en la estación de St. Lazare de París si hubiera tratado de adecuar su Leica a las condiciones lumínicas, de foco, de diafragma adecuadas. Técnicamente, la foto es mejorable, pero en ese caso posiblemente hubiéramos perdido una de sus mejores fotos.
Estoy siendo algo radical. Quizás lo mejor sea buscar un equilibrio entre técnica e intuición. Por supuesto, siempre tenemos que acercarnos al máximo a la mejor foto posible, pero a veces tenemos que arriesgarnos a tomar una foto con ruido o con unas condiciones no tan buenas para en cambio lograr un momento mágico.
Por eso al principio de este post he colgado la foto del dimoni, tomada en la fiesta mayor de otoño de Lleida, el pasado mes de septiembre. Si me hubiera parado a buscar la mejor obertura de diafragma, una buena medición de luz, etc., no hubiera tenido la suerte de tomar esta imagen, que si bien técnicamente se puede criticar (sensibilidad muy alta, tomada en modo semi-automático), es una de las imágenes de las que estoy más orgulloso.
¿Por qué? Pues porque fue un golpe de suerte: el diablo acababa de subirse a un bordillo para encender la enorme bengala. Disparé justo en el momento en el que el fuego había prendido y las chispas empezaban a salir, de modo que parece una auténtica palmera de luz. Todos los personajes de la imagen están bailando, protegiéndose del fuego, entre la humareda provocada por los petardos. Todos de espaldas, no hay nadie que muestre su rostro... excepto los dos protagonistas de la foto: el dimoni, con su mirada confiada e incisiva, y la chica en diagonal, que le observa, apoyada en una valla, con ternura y admiración. Si clicais sobre la imagen la veréis más grande y mejor.
En definitiva, un instante, sólo un instante en el que todo coincide: las miradas, la diagonal en la composición, el fuego, el humo, la gente de espaldas... Y sin trípode, ni medición puntual, ni quebraderos de cabeza con diafragma y obturación. A veces, es posible que valga la pena arriesgarse a no tomar la foto más depurada técnicamente. Quizás, gracias a eso, tomemos una buena foto.

domingo, 15 de abril de 2007

To Raw or not to Raw?

Dos nens. (Foto: Isaías Fanlo)

¿Raw o no Raw? Ésa es la cuestión, al menos hoy.

Ayer, amablemente invitado por el informático de la empresa donde trabajo, estuve en un seminario informal de fotografía organizado por el activo y testarudo colectivo de Canonistas. Y me di cuenta de que muchas de las cosas que tendría que hacer no las hago (ay mísero de mí). Uno de los temas en el cual se hacía hincapié era que jamás de los jamases, si uno quería hacer fotografía seria, se tenía que fotografiar en formatos como .jpg o .jpeg. El formato obligatorio sería, en estos casos, el Raw, que conserva toda la información de la imagen y que permite la edición en Photoshop sin que se pierda calidad de forma progresiva, como es el caso del celebérrimo .jpg, que actúa, digamos, como una fotocopiadora: a medida que vas editando, se va perdiendo más información.

Bueno, por mi parte, cuando pienso en las fotografías que he hecho desde que me compré la Canon EOS 350D, en septiembre, todas ellas en la miseria .jpg, no puedo creerme que algunas imágenes de las que me siento satisfecho no sirvan más que para ser expuestas en bajo formato. ¡Si algunas las he ampliado en laboratorio y han quedado la mar de bien! ¿Que a lo mejor mi ojo no es suficientemente clínico como para detectar las taras? Bueno, pues de momento no lo sé.

La cuestión es que el Raw no es un formato tan perfecto (si no, sería el que todo el mundo usaría para hacer fotos de forma indiscutible): pesa mucho más que el .jpg, lo que dificulta, a no ser que uno tenga un súper ordenador, la edición de las imágenes; no se puede leer con todos los programas (con el Photoshop cs2 no hay problema, pero claro, si uno no lo tiene...); los laboratorios no trabajan con él...

En fin, que la cosa no está tan clara. ¿Raw o no Raw?

jueves, 12 de abril de 2007

Sobre Joan Colom

Carrer del Raval. (Foto: Isaías Fanlo.)

Perdiéndome en el blog de Toni B. (Subjectes, ver en mis favoritos), me he dado cuenta de que existen varias coincidencias temáticas y formales entre los dos blogs. Aparte de haber tirado fotos en las mismas calles el mismo día (ésta suya y ésta otra mía, por poner sólo un ejemplo), ha habido una foto, tomada en el raval, que me ha motivado a colgar ésta que véis en la entrada. La imagen de Toni (ver) es la de un inmigrante en contrapicado, tomada de forma furtiva en un disparo desde la cadera y sin mirar, como si no estuviéramos usando la cámara -lo que, por cierto, en este tipo de situaciones suele ahorrarte más de un disgusto-.

Ésta técnica, que exige una cierta práctica para dominar los encuadres sin mirar, y una indudable puntería para saber dónde estamos tomando la foto, existe desde hace mucho tiempo, y hay quien la practica de forma intuítiva (yo, por ejemplo, cuando tenía mi Olympus). De todos modos, quien la popularizó, en los años sesenta, fue el fotógrafo Joan Colom.

Joan Colom nació en Barcelona, donde todavía reside, y se inició tarde en el mundo de la fotografía, a los 36 años. Su primera exposición tuvo lugar en 1961, y le reportó fama y prestigio inmediatos entre los fotógrafos de toda España. Colom era el primer fotógrafo aficionado con suficiente ambición como para aceptar el reto de un fotoreportaje. Sus imágenes, tomadas todas en el Barrio Chino de manera furtiva, sin que sus modelos se enterasen, transmitían una naturalidad y una espontaneidad inéditas hasta el momento. Además, la capacidad de Colom para captar el momento preciso era indudable, así que no tardó en recibir encargos de más reportajes. El momento de gloria de la fotografía de Colom fue la publicación del libro Izas, Rabizas y Colipoterras, con fotografías suyas y textos de Camilo José Cela. Se puede decir que, aunque al fotógrafo nunca le llegó a gustar el libro (él tenía la idea de textos inspirados en las fotos, y Cela escribió una prosa excesivamente dramática y morbosa, nada que ver con la joie de vivre de la mayoría de las imágenes de Colom, habitadas por niños, prostitutas, matronas y marineros), la brevísima carrera de Joan Colom murió de éxito, porque, debido a los problemas que le causó la denuncia de una de las prostitutas retratadas en su libro, decidió abandonar la fotografía profesional en 1964.

Eso sí, desde entonces nunca ha dejado de tomar fotografías (algunas de ellas, de los últimos cinco años y en color, pero siempre en el Chino, fueron expuestas en el Museu d'Història de la Ciutat de Barcelona el año pasado, en la exposición 'Barcelona fotografia'), y su prestigio se ha mantenido, si no ha aumentado: le han dedicado exposiciones y retrospectivas en multitud de museos e instituciones, como por ejemplo el MNAC o la Fundación Henri Cartier-Bresson, y los es considerado uno de los grandes.

Yo tengo varias fotografías tomadas mediante el 'método Colom' (es decir, disparando sin mirar, como si no estuvieras haciendo la foto), también tomadas en el Raval, el 'Chino' de la Barcelona post-olímpica, más de diseño y menos conflictivo, pero aún con, como diría Salvador Espriu, "una engruna d'autèntica llum". Curiosamente, muchas de estas fotografías las tomé sin conocer todavía a Joan Colom y a su método, lo que hizo que mi descubrimiento de sus imágenes, en una exposición organizada por la Fundación Caja de Madrid en su sede de la Plaça de Catalunya, me resultara a la vez inquietante y enormemente satisfactorio.

Dedicada a Joan Colom (a quien, por cierto, me encantaría conocer personalmente) y a Toni Bernat, esta foto, que no es de las más representativas de la técnica (no las tengo a mano, ya colgaré alguna más), pero que me gusta, personalmente.

(Un ejemplo de fotografía de Joan Colom aquí)

miércoles, 21 de marzo de 2007

Revelado cruzado


Perfiles en la Barceloneta. (Foto: Isaías Fanlo)
Experimentos con mi Lomo LCA+ (¡tengo que hablar de ella todavía!). Aprovechando sus curiosas y excelentes prestaciones, he tratado de hacer un revelado cruzado. A grandes rasgos, el revelado cruzado (en inglés, cross process, abreviado x-process), consiste en revelar un carrete de diapositiva como si se tratara de un carrete convencional, y a la inversa. Fotografía y diapositiva exigen tratamientos químicos diferentes (C-41 para negativo y E-6 para diapositiva), y cuando éstos de cruzan los resultados son curiosos. Se produce una saturación extraña, y surgen unos colores absolutamente irreales.
Un amigo photoblogger (Jorge Santos) me comentó que los resultados solían ser decepcionantes, y que sólo se pueden salvar un par o tres de fotos por rollo. Dados mis primeros resultados con la LCA+, muy positivos con un rollo estándar, le creí relativamente.
El resultado (por desgracia) le ha dado la razón a él: el revelado cruzado es, por lo general, decepcionante. Una tonalidad azulosa muy molesta y una saturación desmersurada, parciamente corregida gracias al laboratorio. La totalidad de las fotografías de Barcelona han sido experimentos fracasados, y sólo me han salido bien algunas fotos realizadas en el campo. Cuelgo una foto tomada en la Barceloneta como muestra.
Seguiremos intentando...