jueves, 9 de junio de 2011
¡Hoy nos vamos de autolavado!
Hoy se estrena en el Teatre Romea de Barcelona (¡y solo hasta el domingo, oigan!) el proyecto conjunto entre Barcelona y Stuttgart "People, Cars & Oil", es decir, "Gente, coches y gasolina". Son dos obras de teatro al precio de una, una de un autor alemán (que está muy bien), y otra, aún mejor, de Marc. Se llama Car Wash (Auto rentat), y a medio camino entre comedia y drama, nos mete de lleno en un mundo lóbrego y a la vez terriblemente atractivo: el de las ciudades fantasma.
Si queréis verlo, entrad en la página web del Teatre Romea. ¡Merece la pena!
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Teatro
miércoles, 8 de junio de 2011
Sensualitats


Mercè Sampietro y Eduard Iniesta en Sensualitats.Sala Muntaner, Barcelona, 2011.
(Fotos: Isaías Fanlo.)
Hoy se estrena, solo por cinco días, el montaje Sensualitats en la Sala Muntaner de Barcelona. Un recital poético y musical que nos descubre los diferentes lados del erotismo. La obra, dirigida por Antonio Calvo, un crack en ciernes, cuenta con dos monstros de la escena: Mercè (Mercedes) Sampietro, que cuenta con un currículum impresionante en el cine (con películas que me encantan como El pájaro de la felicidad, Cuando vuelvas a mi lado o Lugares comunes de Adolfo Aristarain, donde interpreta a una mujer de Lleida), y Eduard Iniesta, un músico impresionante, cabeza pensante del antiguo proyecto Névoa y especialista en instrumentos de cuerda del Mediterráneo.
Ayer les estuve haciendo fotos. No sé por qué, al transformarlas desde PC se me trastoca el color, pero ya da una idea del intimismo del espectáculo. Si estáis por Barcelona, ¡No os lo perdáis!
miércoles, 18 de mayo de 2011
El último partido de la Unió Esportiva Lleida
Aquella tarde de primavera tuve una visión que me abrió los ojos. Por aquel entonces yo era un chaval de diez años, quizá once, y todavía poco despierto. Pero el momento lo recuerdo perfectamente: habíamos ido a comer a casa de mis tíos, que se acababan de trasladar a una nueva casa, en un nuevo barrio de la ciudad. Un noveno piso. Al acabar de comer, mientras los adultos tomaban café, fui a inspeccionar aquella casa que pisaba por primera vez, llena de rincones y cuartos desconocidos. Pasé por el comedor, por las habitaciones, por una pequeña salita, y jugué con dos espejos enfrentados en el recibidor que multiplicaban mi reflejo hasta el infinito.
Al cabo de un rato, me di cuenta de que la casa tenía un balcón. Y afuera, se empezaba a escuchar ruido. Así que, como el niño curioso que todavía era, decidí abrir la puerta y echar un vistazo a lo que ocurría. Al asomarme, me quedé perplejo: lo que tenía delante era un campo de fútbol, pequeñito (aunque a mí entonces me pareció enorme), en el que veintidós jugadores estaban jugando a fútbol observados por unos pocos miles de personas.
En ese momento, mi padre, que habría escuchado como abría la puerta del balcón, me puso la mano en el hombro.
-Papá, ¿qué es esto?
-Es el Camp d'Esports -respondió-. El estadio del Lleida.
-¿El Lleida? -pregunté, incrédulo. Hasta entonces, para mí el fútbol era el deporte que jugaban algunos niños en el patio (yo jugaba a baloncesto) y que se practicaba profesionalmente en un lugar lejano y casi mítico, Barcelona, donde (según me habían explicado) se podía vivir en la misma calle que una persona y no conocerla y donde existía un tren subterráneo que unía la ciudad. Pura ciencia ficción.
Esa fue mi primera vivencia de fútbol leridano y, por ende, del llamado infrafútbol, es decir, de las categorías inferiores del deporte rey. Yo me quedé embelesado viendo, desde aquel noveno piso, los minúsculos jugadores, entre los que destacaba un joven Emilio Amavisca, y decidí que me haría del Lleida. Al año siguiente, con el club en Segunda División, empecé a ir a todos los partidos, con amigos. Las entradas costaban 400 pesetas, pero valía la pena desprenderse de la paga semanal: se veía buen fútbol. El Lleida jugaba bien, el Camp d'Esports poco a poco se iba llenando, los resultados acompañaban y el sueño de subir a Primera División, algo poco menos que impensable, empezaba a hacerse realidad.
Y vaya si se hizo: el 5 de junio de 1993, y en un Camp d'Esports lleno hasta la bandera, el Lleida derrotó al Badajoz por 3 goles a 0 y materializó el ascenso a Primera a cuatro jornadas del final, superando a equipos que en principio eran favoritos, como el Valladolid, el Racing o el Mallorca. Y se plantó en la categoría de oro. "El año que viene ganaremos al Barça y al Madrid", dijo, eufórico, Miquel Rubio, el capitán del equipo, en los discursos de celebración.
El sueño se convirtió en realidad, y las palabras de Rubio funcionaron como una profecía: se ganó en el Camp Nou, al mismísimo dream team de Romario, Laudrup, Guardiola, Koeman o Stoichkov con un gol de Jaime Quesada en el minuto 86, y se ganó al Real Madrid en el Camp d'Esports, con goles de Popeye Parés y de Soren Andersen tras una falta brutal de Gustavo Matosas. Pero no fue suficiente para mantenerse. De poca cosa sirvió ser el primer equipo que ganaba en Anoeta como visitante (1-3), o la victoria en Valladolid por 1-2 que nos sacaba de la zona de descenso cuando faltaba poco para acabar la temporada: el equipo volvió a segunda en la última jornada tras perder en el campo del Racing, mientras escuchaba por la radio que Celta y Valladolid empataban a 0-0 (el empate les favorecía a ambos y la afición gritaba "que se besen, que se besen"). Aquella fue la primera vez que lloré por un partido de fútbol.
Evidentemente, han pasado muchos años. Tantos, que el bonito cuento de la Unió Esportiva Lleida está a punto de acabarse. O de poner un punto y aparte, si se quiere: el club, a causa del endeudamiento que arrastra, va a tener que refundarse, después de haberse quedado a las puertas del play-off de ascenso a Segunda División "A". Ya han quedado atrás momentos emocionantes como los descritos, la promoción agónica contra el Sporting de Gijón en 1995 (2-2 en el Camp d'Esports y un 3-2 dramático en El Molinón), el buen fútbol de finales de los 90 y principios del 2000...
Ahora toca lo mismo que han tenido que hacer muchos clubes históricos del fútbol español, como el Burgos, el Málaga o el Almería. Empezar de cero. Algunos con más suerte, otros con menos. El pasado fin de semana, unos cientos de aficionados nos enfundamos la camiseta azul y nos dirigimos al campo de L'Hospitalet, donde la Unió Esportiva Lleida jugó el que quizás fue su último partido oficial con este nombre. El resultado, un empate a cero, fue lo de menos. Lo importante era despedir como correspondía a este equipo. Y cuando, al final del partido, la afición cantó el himno a cappella, bufandas al aire, tuve que hacer un esfuerzo, con un nudo en la garganta y emocionado, para que no me cayeran las lágrimas. Porque aquel era, también, el final de un capítulo de mi vida.
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domingo, 15 de mayo de 2011
Luces
Muchísimo tiempo, demasiado, sin postear aquí. Estoy teniendo algunos problemas con el procesamiento de fotos en el ordenador (debe de estar saturado), y cada foto me cuesta horrores...
Cuelgo esta foto, tomada la semana pasada en Stuttgart, en el Museo de Arte Moderno, donde tenían unos impresionantes cuadros de Otto Dix.
Como BSO, Hurts, que le dedican una canción a un día de la semana como el de hoy...
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Viajes
sábado, 16 de abril de 2011
Me gustan las escaleras (3)
Después de una pequeña travesía en el desierto, casi dos semanas de silencio en este blog, seguimos con la serie de las escaleras. Aquí va una muy especial.
Como banda sonora, la que de momento es mi canción preferida del nuevo disco de Antònia Font, Lamparetes. Se llama "Calgary 88" y es bonita y bailonga a más no poder!
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domingo, 3 de abril de 2011
Entrevista en "Confesiones tirado en la pista de baile"
La entrada de hoy no tiene foto, y es para anunciar algo que me hace mucha ilusión: los lectores asiduos del blog saben que la fórmula general de cada una de las entradas consiste siempre en más o menos lo mismo: foto más texto más vídeo de alguna canción que me gusta y que me parece adecuada. Quien se pase de vez en cuando por aquí habrá deducido que me gusta seguir las novedades de la música independiente (especialmente la nacional). Pues bien, uno de los blogs que iba siguiendo es Confesiones tirado en la pista de baile, el blog de Fernando Bside. Llegué a él gracias a su sección de entrevistas, por las que han pasado Lyona, Zahara, Ellos, Second... muchos de mis artistas favoritos.
Pues bien. La sorpresa llegó hace unos días, cuando Fernando me comentó que había estado echándole un vistazo a mi web y a este blog y me propuso una entrevista, para la misma sección. Por supuesto, acepté encantado -todavía me cuesta creer que tenga un rinconcito al lado de toda esta gente-, y la entrevista ya está en línea.
La podéis consultar aquí. Una buena manera de conocer mejor a quien anda detrás de este blog y de la página web que lo complementa.
Pues bien. La sorpresa llegó hace unos días, cuando Fernando me comentó que había estado echándole un vistazo a mi web y a este blog y me propuso una entrevista, para la misma sección. Por supuesto, acepté encantado -todavía me cuesta creer que tenga un rinconcito al lado de toda esta gente-, y la entrevista ya está en línea.
La podéis consultar aquí. Una buena manera de conocer mejor a quien anda detrás de este blog y de la página web que lo complementa.
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sábado, 2 de abril de 2011
Me gustan las escaleras (2)

Si uno empieza a subir por una escalera y se sitúa a medio camino, descubrirá que las escaleras tienen anverso y reverso, ambos lados con encanto: una parte en descenso, mirando hacia abajo, que (si el arquitecto es lo suficientemente perverso) es capaz de engullirte, de atraerte hacia el vacío, como una espiral; y otra en ascenso, mirando hacia arriba, que, sin peldaños, es capaz de adoptar un carácter más escultórico que arquitectónico.
Las escaleras vacías parecen lugares de otro mundo. Uno se pregunta si no podría ser que estuvieran habitadas por seres invisibles que escuchan a Jónsi mientras suben y bajan sin parar y se ocultan entre los peldaños. Boys Lilikoi...
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